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BREVE HISTORIA DE LA PIROTECNIA EN ESPAÑA




He de comenzar diciendo que la historia de la pirotecnia en España está aún por escribir y que con estas líneas sólo pretendo realizar un pequeño "collage" con retales extraídos de las escasas publicaciones que sobre la historia de los fuegos artificiales en este país se han editado, ligándolo con la historia de los fuegos artificiales en Europa.

La invención de la pólvora negra supuso, sin duda alguna, el comienzo del arte pirotécnico. Una casualidad hizo que se mezclara carbón, salitre y azufre. Algún medio de ignición haría el resto descubriendo al mundo un nuevo material explosivo. Siempre se ha asociado el descubrimiento a China o India, si bien árabes y griegos reclaman sus derechos. La pólvora, desde el momento de su nacimiento, se emplea en campos tan diversos y antagónicos como la medicina, la defensa militar y la diversión.

Los estudiosos de la cultura islámica han extendido la teoría que sustenta la introducción de la pólvora a Occidente a través de las vías de penetración árabes durante los siglos XIII y XIV. De esta manera la entrada de la pirotecnia en la península ibérica habría venido del mundo musulmán aportando, entre otros, elementos como cohetes, bombas, tracas y luces de colores. Aún siendo la teoría más extendida, algunos investigadores consideran que fueron los croatas quienes trajeron los conocimientos sobre la pólvora desde China hasta Occidente.

Otro hecho innegable es que la investigación destinada a la guerra y a fines militares permitió el desarrollo de la pirotecnia, que durante el siglo XIV ya tiene repercusiones documentadas en el ámbito festivo. Existen informes de esos siglos hablando de experimentos y prácticas con cohetes. Roger Bacon, en Inglaterra deja escrita en clave la composición de la pólvora. Jean Froissart, en Francia descubrió que el vuelo de los cohetes era más preciso y exacto si se lanzaba desde un tubo.

También en el siglo XV la ciudad de Valencia delimita zonas del casco urbano donde se permite la fabricación y venta de pirotecnia. Se tiene constancia de la existencia de talleres y tiendas en las calles de Porta Nova y Trenc, hasta el punto que la ciudad de Valencia ha de dictar prohibiciones que afectan a ambas actividades.

La pirotecnia festiva hace su aparición durante el Renacimiento europeo, siendo Florencia el centro de esta actividad. Surgen dos escuelas diferenciadas en el mundo de la pirotecnia. Por un lado la italiana con base en Florencia y Bolonia, que pone su énfasis en la fabricación de los artificios y por otro la alemana con base en Nuremberg preocupada más por la investigación química. Mientras en el norte los fuegos se ofrecen por sí solos, en el sur las piezas adornan una gran estructura arquitectónica ( la "máquina") que en la noche final es iluminada con fuegos de artificio. Es posible sea éste el origen de la expresión española "castillo" para referirse a una sesión de fuegos artificiales. Las "máquinas" han pervivido, en formas más o menos evolucionadas, hasta bien entrado el siglo XX.

Desde Europa la pirotecnia viajará a América.

Paralelamente en la España del siglo XVI los poderes públicos deciden intervenir en la reglamentación pirotécnica. El rey Carlos V de España decreta las primeras ordenanzas que conciernen al gremio de coheteros y pirotécnicos, diferenciándolo del de los artilleros. Estas disposiciones entran en vigor el año 1532.

El espectáculo pirotécnico ofrecido en Venecia con motivo del triunfo cristiano sobre los turcos en la batalla de Lepanto (1571) ha sido considerado como el asentamiento definitivo del desarrollo técnico de la pirotecnia.

En 1585 en Düsseldorf se escenifica una adaptación de la obra de Séneca "Hercules Furens" en la que las bestias Cerberus e Hydra disparaban pirotecnia desde boca y cola.

Es en el siglo XVII cuando la pólvora llega a Japón. A pesar de la cercanía geográfica a China, los fuegos artificiales llegan a través de comerciantes holandeses o portugueses. La pólvora habrá viajado desde el Lejano Oriente a la Europa Occidental para volver a través de Arabia.

En el desarrollo de la pirotecnia en Valencia parece tuvo mucho que ver la batalla de Almansa (1707). En la ciudad de Valencia existía una fábrica de armas en los terrenos del parque de la Cuidadela. De la fábrica, que también había servido como guarnición de tropas, habían salido mosquetes y pistolones y servido de almacén de antiguas armas denominadas culebrinas, porque el tubo o cilindro de hierro estaba incrustado precisamente en una traca.

Derrotadas las tropas antiborbónicas, el rey Felipe V ordena el desmantelamiento de la fábrica. Los artesanos se ven obligados a volver a sus pueblos de origen – Burjassot, Godella, Montcada, Paterna y Bétera, entre otros – y retoman su actividad como picapedreros y herreros. El afán destructor de las tropas les lleva a quemar las culebrinas o tracas. La madera quedará destruida mientras los tubos de hierro serán vendidos como chatarra volviendo a manos de los antiguos trabajadores de la fábrica.

Con la paz, deciden retomar los rituales festivos. Los tubos de las armas, de las tracas, se transforman en herramientas festivas, que se cargaban y disparaban por exoperarios de la fábrica. Se trata de los primeros morteros de la fiesta con origen conocido y que en Valencia se seguirían llamando traca.

La popularización de los disparos de traca genera cierta profesionalización. Los picapedreros se transforman en traqueros durante las celebraciones festivas de las comunidades locales de Valencia. La gran demanda les obligaba a salir de sus pueblos.

En 1748 el italiano Ruggieri recibe el encargo del rey inglés Jorge II de un espectáculo pirotécnico para conmemorar la paz de Aixla-Chapelle, que va a inspirar la célebre composición del músico aleman George Frideric Handel "Music for the Royal Fireworks". A pesar de que el rey en persona inspeccionara la monumental estructura de madera diseñada para el evento, el espectáculo no se desarrolló como estaba previsto y parte de ella ardió en llamas. Las crónicas de la época explican que el fuego aéreo resultó correcto, pero no así las ruedas y estructuras fijas.

En el siglo XIX se produce en la pirotecnia la evolución química que permitirá la diversificación del color en los fuegos artificiales. Los colores plateados y dorados utilizados hasta ese momento reciben de la mano del químico francés Berthollet, que descubre el clorato de potasio, al resto de colores hoy disponibles. Al mismo tiempo, con la disponibilidad del ácido pícrico, aparecen los efectos de "silbatos". El posterior descubrimiento del magnesio (1865) y del aluminio (1894) permiten dar a los fuegos artificiales una luminosidad incomparable. También de Francia llegará la invención de la "carcasa", la pieza de pirotecnia más utilizada hoy en día.

El estallido de la Revolución francesa conseguirá que los fuegos artificiales retornen al conjunto de las clases sociales. Por un lado, deja de ser patrimonio reservado a cortesanos y reyes, y por otro huye de recintos cerrados donde era preciso el pago, convirtiéndose en un espectáculo público de consumo democrático. La influencia de las corrientes francesas, vinculadas a la ilustración y a la búsqueda del progreso intelectual, científico y económico, encuentra una especial acogida en la ciudad de Valencia, donde se encontraba una de las colonias francesas más numerosas del Estado español. De hecho, los traqueros que disparaban fuegos en las dársenas del Grau estaban en contacto directo con los franceses que habitaban la zona.

A principios del siglo XIX la guerra acaba con los lazos entre españoles y franceses. Acabada esta en 1814 las autoridades borbónicas españolas no querían que los traqueros dispararan tracas. Valencia establece prohibiciones y castigos para aquellos que las disparen. Se produce una dualidad entre la ciudad de Valencia y el resto. En la capital las autoridades marcaban el desarrollo del ciclo festivo, mientras que en el resto el ritual se impone a lo oficial. En realidad, es una época de expansión y desarrollo impresionante de la pirotecnia que a lo largo del siglo XIX se convertirá en el símbolo de identidad de los valencianos.

En la Península Ibérica se puede hablar de dos maneras diferentes de entender los espectáculos de fuegos artificiales.

Galicia, norte de España y norte de Portugal; donde se fabrican los más perfectos voladores. Los más grandes (cohetón en español y foguetöes en portugués) son impulsados por medio de dos motores sujetos a una caña de bamboo de cuatro metros de longitud, y pueden elevar hasta un kilogramo de estrellas a gran altura. Desafortunadamente, el elevado coste de la mano de obra, las estrictas normas sobre seguridad y la disponibilidad de carcasas de otras partes de la geografía nacional e internacional ha hecho que la utilización de este artificio en los espectáculos de fuegos artificiales se haya reducido considerablemente.

En la costa mediterranea; Valencia y Cataluña albergan a alguno de los grandes productores de artificios pirotécnicos de diferente tipo y efectos.

En el siglo XX, los espectáculos pirotécnicos se ofrecen a grandes masas de espectadores. Ello llevará consigo la progresiva eliminación del fuego terrestre o fijo y su sustitución por el fuego aéreo. La globalización también ha llegado al mundo de la pirotecnia, de manera que los grandes productores como China y a distancia España, Italia, Portugal, Japón invaden el mercado internacional con el consiguiente cierre de pequeños talleres y la pérdida de las especialidades locales. El diseño de espectáculos, antes en manos de los fabricantes, sale de las fábricas y surgen un gran número de empresas que se limitan a seleccionar los productos en el mercado y después combinarlo atendiendo a su particular forma de entender el espectáculo.

Me gustaría terminar, mencionando alguna de las manifestaciones pirotécnicas de la geografía española como botón de muestra de las profundas raíces que el arte pirotécnico ha echado en este país.

BERGA. La Patum

Cada año para el Corpus se celebra en Berga La Patum. Berga ha conservado celosamente, a lo largo de los siglos, el autentico documento histórico que es la Patum. El ritual que cada año se ejecuta en la pequeña plaza de Sant Pere convierte a Berga en un nudo enloquecido de hombres, fuego, música y danza; una conjunción perfecta que sólo los buenos patumaires saben vivir en plenitud, y que se convierte en el símbolo que caracteriza e identifica toda una comunidad.
(www.ajberga.es)

DALÍAS. Procesión del Sto.Cristo de la Luz

El día gran de de Dalías es el tercer domingo de septiembre en el que tiene lugar la procesión del Sto. Cristo de la Luz. A la salida y llegada de la procesión se disparan miles de docenas de cohetes festejando al Santo.

ELCHE. La Nit de l’Albà

La segunda semana de agosto se celebran en Elche sus fiestas patronales en honor a la Virgen de la Asunción. La celebración de la Nit de l’Albà tiene su origen en los siglos XV-XVI cuando desde las terrazas de las casas se tenía costumbre de tirar un cohete por cada hijo en señal de ofrenda a la patrona. Cinco minutos antes de las 24:00 Elche apaga sus luces para vivir la explosión de la "Palmera de la Virgen" que el ayuntamiento lanza desde la Basílica de Santa María junto con a las más de 300 palmeras y las 5.000 docenas de cohetes repartidas por la ciudad y que convertirán el cielo en una explosión de luz y color.
(www.elche.com)

PATERNA. La Cordá

Madrugada siguiente al último domingo de agosto, día de la celebración del Stmo. Cristo de la Fe y San Vicente Ferrer.

En la calle Mayor se colocan cajones repletos de coets y femelletes, de diferentes clases y modelos, en una tramos de 120 metros de longitud por 8 de ancho. En cada cajón se sitúan tres personas. El paso del Coeter Major con la bengala verde marca el inicio, de forma que junto a la traca lenta de femelletes y coetons de fuegos seguido, se queman en torno a 25.000 cohetes con una intensidad media de fuego próxima a los 1.500 cohetes por minuto.
(www.ayto-paterna.es)

SANTIAGO DE COMPOSTELA. Festividad del Apóstol Santiago

A las doce de la mañana del día 24 de julio, las campanas de la catedral anuncian lo que ocurrirá esa misma noche. La plaza del Obradorio se llena de luz y de color en un espectáculo donde la pirotecnia, la luz y el sonido transportan al visitante a un mundo mágico.

VALENCIA. Fallas

Valencia celebra su gran fiesta del fuego y la pólvora que se prepara durante todo el año.

Hacia mediados del siglo XVIII, las fallas eran un simple festejo incluido en el programa de actos típicos de la fiesta de San José (19 de marzo). Al amanecer del día 18 en algunas vías urbanas aparecían peleles colgados en medio de la calle de ventana a ventana, o pequeños tablados colocados junto a la pared, sobre los cuales se exponían a la vergüenza pública uno o dos muñecos (ninots) alusivos a algún suceso, conducta o personaje censurables. Durante el día, los niños y adolescentes recogían material combustible y preparaban pequeñas piras de trastos viejos que también recibían el nombre de fallas. Unas y otras eran quemadas al anochecer de la víspera de San José congregando en torno a la hoguera una amplia participación popular.
Al día siguiente era día de media fiesta y los carpinteros y los valencianos devotos acudían a los templos parroquiales para festejar a su patrono.

La primera documentación sobre las fallas, es un oficio dirigido al corregidor de la ciudad de Valencia para que prohibiera la colocación de los monumentos (especialmente los de tipo teatral) en las calles estrechas y junto a las fachadas de las casas. Como consecuencia de estas medidas de policía urbana (prevención de incendios) se obligaba a los vecinos a plantar fallas en las calles anchas, en los cruces de calles y en las plazas.

Durante todo el siglo XIX, el Ayuntamiento y en general también las instituciones de autoridad, mantuvieron una actitud vigilante y censora ante las fallas. Esta política represiva, justificada por la necesidad de modernizar y civilizar las costumbres de la ciudad, pretendía erradicar los festejos populares (Carnaval y Fallas, entre otros), y se intensificó durante los años setenta al establecer gravosos impuestos sobre el permiso de plantar fallas o tocar música. Esta presión generó, como reacción, un movimiento en defensa de las tradiciones típicas y en 1887 la revista La Traca otorgó por primera vez premios a las mejores fallas.

En 1927, la asociación para el fomento del turismo Valencia Atracción organizó el primer Tren Fallero. El acto tuvo tal éxito que la sociedad valenciana se volcó todavía más en las fallas, incrementando considerablemente el número de monumentos que se erigían. Fue en estos años cuando las fallas se convirtieron realmente en la fiesta mayor de los valencianos.
(www.fallas.com)



BIBLIOGRAFÍA

Aguirre Franco, Rafael

"Los fuegos artificiales. El festival de San Sebastián". Fundación Cruzcampo, 1998

Bertran Luengo, Jordi

"sin título". Próxima publicación

Goñi Urcelay, Felix Mª

"Fuegos artificiales en Euskalherria : pirotecnia y pirotécnicos". Ediciones Laga, 1999

Lancaster, Ronald

"Fireworks. Principles and Practice" (3ª ed.) Chemical Publishing Co., Nueva York, 1998